Cuando leí este articulo sobre como el biólogo Humberto Maturana define LA VIDA me llamaron la atención dos puntos: La autopoiesis y la importancia que da a la escucha para que las personas lleguen a disfrutar de relaciones constructivas y respetuosas, tanto en el ámbito profesional como personal.
Del lenguaje dijo que «no es un sistema de comunicación o transmisión de información, sino un sistema de convivir en las coordinaciones de los deseos, los sentires, los haceres, en cualquier dimensión del convivir que está ocurriendo». “(…) Para que eso ocurra -explicó-, tenemos que escucharnos recíprocamente porque si no, resulta en incoherencias en lo que hacemos como comunidad empresarial».
Si substituimos la palabra “deseos” por “necesidades” podemos conectar directamente con la visón que ofrece la Comunicación No Violenta (CNV). Ambos sugieren que la comunicación es una clave para la creación de relaciones conscientes que conectan y apoyan a las personas entre sí y les permiten desenvolverse con toda la riqueza que llevan en su interior. Sigue con:
Y, ya en su carácter de filósofo, agregó: «Lo central en la convivencia es escucharnos para poder hacer cosas juntos en el mutuo respeto, y sobre eso conversamos: sobre el dejar aparecer que viene a ser el amar».
La escucha empática con atención y presencia para el otro, dejando fuera cualquier tipo de juicio, interpretación y etiqueta es la esencia de la CNV. Nos conecta con lo humano en nosotros, con esta parte que compartimos y la que es universal. Nos aleja de los juicios morales de bien y mal y nos enfoca en lo que realmente necesitamos y en como podemos actuar para que se cubran las necesidades de todas las personas involucradas. Y para ello necesitamos escuchar. Con apertura y ganas de conectar con el otro, practicando la empatía, una cualidad esencial para crear relaciones honestas y satisfactorias.
«(…) hemos mostrado que en las relaciones humanas lo fundamental es escucharse, pero para eso tenemos que dejar que el otro aparezca sin anteponer prejuicios, supuestos o exigencias. Ese es el desapego, según el dalái lama«, explicó.
Nos desapegamos de la imagen que podemos tener del otro y permitimos la conexión con lo que le esta pasando, con su mundo emocional y las necesidades subyacentes a estas emociones, considerando a la vez lo que nos pasa a nosotros para cuidar de ambas partes. Eso requiere práctica, no es lo que nos enseñaron. Más bien estamos entrenad@s en detectar quien esta bien y quien esta mal y suele costar realizar el cambio que sugiere la CNV, de enfocarnos en nuestras necesidades y cultivar estas ganas de aportar belleza a nuestras vidas, de enriquecer la vida del otro y permitir que el otro haga lo mismo conmigo.
Y de allí vuelvo a la autopoiesis, un término que combina dos palabras del griego: «auto» (a sí mismo) y «poiesis» (creación). Poniendo consciencia en como comunicamos y qué tipo de relaciones cultivamos nos empoderamos a crear la vida que queremos vivir. Somos creadores de nuestras vidas y eso no solamente de forma biológica (a nivel molecular según la definición de Humberto Maturana) sino también de forma personal. Poseemos la opción de decidir conscientemente qué queremos para nosotros y lo que no, qué tipo de relaciones cultivamos.
Cultivando la escucha empática y una conexión honesta con las personas que nos rodean nos empoderamos a realizar los cambios necesarios para vivir con mayor plenitud, capaces de enriquecer las vidas de ambos lados.
Aquí el link al articulo que me inspiró:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-46959865?SThisFB&fbclid=IwAR1oQ3GYRpgD61JiXJUfsTz7AofIezCFq31P8xRBGmJFBFeBxxk7ryeKei8