¿Qué es para ti el silencio? ¿Lo conectas con la pausa, con transiciones entre una actividad y otra, con algo natural o casual? ¿Lo evitas porque tal vez te incomoda, te conecta con la inseguridad, el aburrimiento o algo sin sentido? ¿Te lleva a un vacío que intentas evitar o rellenar?
Pienso que son preguntas que nos llevan a diferentes momentos o etapas de nuestra vida, momentos que hemos vivido todas de alguna u otra forma. Al mismo tiempo nos invitan a contemplar la relación que tenemos con nosotras mismas.
Para mi el silencio es algo esencial y vital. Dentro del ajetreo de nuestra sociedad, el trabajo que realizo, las comunicaciones que cuido, el ruido ambiental al que estoy expuesta, imágenes y sonidos variopintas – todos estos y más estímulos, algunos de ellos cansinos o irritantes y otros inspiradores y agradables, me suelen generar una profunda necesidad de silencio.
Un silencio que respiro, que siento penetrar en cada poro de mi piel y que penetra hasta mi esencia para conectarme con ella, con una frecuencia que me calma, centra y nutre. Es entonces una fuente de energía y bienestar, una conexión vital que me mantiene en equilibrio y me permite seguir adelante con la mente clara y la consciencia despierta.
También es para mi un espacio de reencuentro conmigo misma. Un espacio meditativo que me permite contemplar lo que me ha acontecido, como he reaccionado externa e internamente, qué me comunican mis sentimientos y cómo puedo cuidar de mis necesidades. Tomo consciencia para cuidarme desde el respeto y la responsabilidad para mi misma.
En los espacios de silencio conecto también con mi creatividad. Son espacios en las cuales experimento mi mente en un estado expansivo y no dirigido, un estado distendido que permite que entren ideas nuevas, que pueda jugar y crear.
El silencio está lleno de información y energía. Lo podemos escuchar conscientemente cuando nos entregamos a él con apertura y curiosidad.
Una sencilla práctica meditativa
Te invito a probarlo o si ya lo conoces y practicas, a recordarlo para darle un espacio consciente en tu vida y conectar con el regalo que te trae.
Observa como entras en y como sales de estos espacios que pueden durar entre 1 o 10 minutos, según la comodidad y las ganas que sientes. Idealmente encuentras un lugar agradable y cómodo para ti, sin demasiada distracción y con calma. La naturaleza es para mi el lugar ideal pero no siempre tenemos la oportunidad de conectar con ella directamente.
Puedes empezar por escuchar y observar tu respiración y los sonidos que te llegan del exterior. Observas tus pensamientos sin engancharte en ellos, simplemente los dejas pasar para seguir conectada a esta escucha consciente. Y poco a poco puedes soltar estos enfoques que sirven como anclajes para mantenerte en el aquí y ahora y abrirte a esta percepción más amplia de ti misma, permitiendo que el silencio te habite. Nada más, sueltas todas tus expectativas y simplemente lo escuchas, permitiendo que te conecte con tu esencia y te nutre.